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¡Que estoy muy loco!

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Pablo Iglesias, después de la reunion con Pedro Sanchez –

Difícilmente podrá Sánchez aceptar a Iglesias como ministro porque sería una hipoteca permanente

Versión simulada y ficticia de la conversación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias:

PS: «Pablo, no puedes pedir medio Gobierno. Y no puedes ser ministro de nada. Cooperemos, punto».

PI: «Pedro, que estoy muy loco y bloqueo la investidura».

PS: «¿Tú crees? Ponme a prueba».

PI: «Ya lo hice y te negocié la moción de censura».

PS: «Eso es pasado. Estamos en otro escenario».

PI: «Hay mayoría, Pedro. La de la moción».

PS: «Aún no estoy en eso. Ya me traicionaron con los presupuestos, y no me fío».

PI. «Entonces no hay suma».

PS: «Puede haberla, pero con Gobierno en solitario. Si no lo entiendes, provocarás elecciones. Y tú tienes más que perder que yo. ¿Crees que voy de farol? Con 123 escaños de Rajoy se repitieron las elecciones. Yo tengo los mismos diputados y a ti acosándome para que salves Podemos. Resígnate. Como mucho, Gobierno de cooperación. Nada de coalición».

La semántica es relevante cuando lo que se piensa es diferente, aunque Iglesias sostenga lo contrario. Como mucho, Sánchez concedería a Podemos secretarías de Estado simbólicas. No son las palabras que el líder de Podemos quería oír, y el olfato apunta más a resignación y claudicación que al triunfo de una imposición a Sánchez. Difícilmente podrá Sánchez aceptar a Iglesias como ministro porque sería una hipoteca permanente que alteraría la gobernabilidad y el control de la política presupuestaria, y porque crearía una plataforma institucional para el renacimiento de Podemos. Al PSOE no le interesa.

Es complicado dirimir si Sánchez va de farol cuando citó por sorpresa en su última Ejecutiva, y a puerta cerrada, la opción de nuevos comicios. Puede estar madurando una estrategia de presión imposible a Ciudadanos para que Albert Rivera le libere de radicalismos y populismos, o puede ser una artimaña de victimismo para recurrir in extremis a Podemos y al independentismo, alegando que lo intentó todo con PP y Ciudadanos. Si Sánchez decide forzar elecciones, lo hará en la certeza de obtener un mejor resultado y de reducir a Podemos a la clásica veintena de escaños de IU. Pero también, bajo el riesgo que emerja un reagrupamiento pragmático de la derecha.

El triunfo del PSOE en las municipales y autonómicas ha sido más precario de lo previsto y Sánchez ha tomado nota. Solo maneja la opción de que Iglesias ceda porque está débil: si frustra la investidura, las urnas serán inciertas para Podemos; si accede a sub-carteras del Gobierno, quedará demostrado que carece de más fuerza que la imprescindible para aceptar las migajas del poder. De momento, Sánchez gana 1-0.

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