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«La Policía levantaba a la gente cogiéndola por los testículos»

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Las defensas, hoy en el juicio del «procés» – Juicio del «procés»

El relato desproporcionado sobre la actuación policial desacredita a los testigos del 1-O de las defensas

Ilusión, agresión, diversión, campeonatos de butifarra… El relato de los ciudadanos que fueron a votar en el referéndum del 1-O poco tiene que ver con las imágenes de resistencia y violencia de una multitud enfurecida que aquel día dieron la vuelta al mundo. No se esperaba otra cosa de los testimonios de la decena de personas que han comparecido este martes ante el tribunal del «procés» y que continuarán declarando hasta llegar a la veintena a lo largo de la jornada de hoy.

Amas de casa, carpinteros, ingenieros de telecomunicaciones, estudiantes universitarios. La estrategia de las defensas ha pasado por llevar al Supremo a «gente normal», a gente de la calle, no a energúmenos radicalizados que puedan restar credibilidad al relato independentista. Todo normal si no fuera porque la votación estaba suspendida por el Tribunal Constitucional y había una orden judicial de cerrar los colegios electorales. Y todos los testigos lo sabían.

Así lo han reconocido a preguntas de la Fiscalía, ante la que han situado el mandato popular por encima de cualquier prohibición legal. El mismo discurso de los acusados cuando declararon en las primeras sesiones del juicio.

El denominador común de todas las declaraciones ha sido la desproporcionalidad del relato del que ha sido protagonista una supuesta y kafkiana intervención de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, cuyos agentes se llevaban por delante todo lo que encontraban a su paso, hasta personas con muletas, y cogían por testículos y orejas a la gente que «pacíficamente» «celebraba la fiesta de la democracia». Fue el caso de Pere Font, un hombre de mediana edad que dice que le sacaron del colegio «arrástrándole» y le tiraron «como si fuera un paquete a la calle» no sin antes pegarle un puñetazo.

No menos desproporcionado fue el relato de una mujer jubilada que en su momento fue profesora de secundaria a la que, sin mediar, palabra, dos guardias civiles tiraron al suelo y patearon en las puertas de un colegio electoral. En el colegio en el que votó el carpintero Martí Carreras, se había celebrado la fiesta de la butifarra. Y en un centro de Gerona tuvieron que acudir los bomberos al rescate de los ciudadanos.

A la espera de la prueba documental, en la que se verán en Sala los vídeos de las distintas actuaciones en los colegios electorales, el juicio encara la recta final de la prueba testifical en esta cuadragésima sesión del juicio.

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